martes, 19 de octubre de 2010

Presentación de la Directora del Departamento de Óptica

La colorimetría es una técnica de medida y una metodología asociada a la ciencia del color que fue introducida en el s.XIX como un soporte fundamental a la espectroscopia. En 1859, Robert Bunsen y Gustav Kirchoff desarrollaron la primera instrumentación para observar y detectar las líneas coloreadas del espectro solar. Este método encontró enseguida importantes y decisivas conexiones con la tecnología y las aplicaciones industriales.

La necesidad de encontrar métodos fiables para medir la intensidad de color en soluciones es, seguramente, uno de los viejos problemas de la industria textil, tan antiguo como los métodos de teñido de textiles, ya conocidos en las antiguas civilizaciones africanas, o en métodos para la determinación del color del vino, como ejemplo de aplicaciones en las tecnologías de la alimentación. Como dato histórico, el primer colorímetro fue probablemente construido a mediados del s. XIX por el científico francés FranÇois-Joseph Houtou de Labillardière para la medida de la concentración del índigo en una solución acuosa.

En España, los estudios sobre colorimetría estuvieron igualmente ligados a las técnicas industriales desde los comienzos, sin embargo, en los años cincuenta del pasado siglo ya en el Instituto de Óptica Daza de Valdés se creó el núcleo alrededor de los trabajos de Lorenzo Plaza de lo que luego sería una sección de gran importancia y que creó además el Comité de Color dentro de la Sociedad Española de Óptica. 

Tradicionalmente, en el Departamento de Óptica de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) existió siempre un interés sobre los temas del color, asociados a los trabajos pioneros de Armando Durán Miranda sobre visión, y que luego se extendió a otras áreas modernas de la física del color.

Esta tradición se vio materializada dentro del grupo de color en el que trabajaba el Prof. Jesús Zoido. Como profesor e investigador en la Escuela de Óptica, Jesús Zoido comenzó una línea de investigación pionera basada inicialmente en la optimización de los mapas de representación del espacio del color con un interés primordial para definir observadores patrones. Estos trabajos merecieron una consideración a nivel mundial dentro del mundo de la investigación en color y promovieron la creación de un grupo muy activo con proyección no sólo en el campo de la visión del color sino también en las aplicaciones a campos tan diversos como la arqueología y el arte pictórico.

Su temprana pérdida nos ha hecho reflexionar acerca de la importancia de las iniciativas originales que, como la suya, deben de ser incentivadas, reconocidas y apoyadas por las instituciones académicas en todos los ámbitos.

Es pues un deber moral y una obligación reconocer aquí su valía no solo como profesor e investigador sino como persona que dedicó muchas horas de su tiempo a ampliar líneas de trabajo de gran originalidad y creatividad.

Agradecemos a los que compartieron con él en el grupo de color sus trabajos y a todos sus compañeros y amigos que hayan tenido esta iniciativa para hacer permanente mediante esta publicación su memoria y su valioso ejemplo.

María Luisa Calvo Padilla
Directora
Departamento de Óptica, UCM

viernes, 15 de octubre de 2010

Carta para Jesusín, por Jedu


¡Cómo me gustaría descolgar el teléfono y escuchar “Jedu, te tomas una cervecita”!
Y llegar siempre tarde, y oír como llegabas en tu moto, tu Jesusa, y decir un “Hola, Jeeedu” siempre sin final. Y poder disfrutar contigo una vez más de tu compañía, tu humanidad, tu compromiso, de tus historias de la física, que te apasionaba tanto que intentaste que también me apasionara a mí, intentaste explicarme cosas que yo no tenía ni idea, de las monerías que empezaba a hacer Awita, de tus padres, de tus alumnos, de tus quecos, de toda la gente que te rodeaba y te quería tanto. Disfrutar de un gran amigo.
Y recordar las miles de historias que nos pasaron juntos, recordar esos años que compartimos piso, tan intensos y divertidos, intensos, Jesús, intensos.
Recordar, nuestra vida y tus largas discusiones con Mireia, con Iñigo, con Cristina, ¡como sabías sacarles de quicio!
Y llegando la hora de volver a casa decir “Fernando, pon la penúltima…” porque ¡nunca pediste la última!
Ya con ella en la mano se hubiera planteado otro viaje, como tantos que nos hicimos. Siempre planeados con el tiempo pisándonos los talones, sin previsión, ni cabeza, pero siempre con el mismo lema, “el viaje durará lo que nos dure la ilusión de hacerlo” y contigo Jesús nunca se terminó la ilusión.
Ahora recuerdo nuestro viaje, Madrid-Dakar en Vespa, cómo se quedó la gente cuando lo dijimos, creo que nunca se lo creyó nadie hasta que no nos vieron partir. Todos pensaron que estábamos locos, estoy seguro. El lunes nos hacíamos 400 kilómetros y el martes ninguno porque te encontrabas algo en el camino que te fascinaba, había que hablar con todo el mundo y ayudar al que se pusiera en nuestro camino e intentar salir airosos de todos los líos en los que nos metimos. Aquí conociste África. ¡Qué viaje! Yo viajando con los sentidos y tú con los sentimientos. Siempre un tándem perfecto.
Hoy miro a Awita, con esos ojos que tiene iguales a los tuyos y pienso, qué mala suerte has tenido, pichón, de no poder disfrutar de sus primeras palabras, de no poder haberle contado todas estas historias tú mismo, de no enseñarle todo lo que nos enseñaste a los demás. Ella te hubiera enamorado.
Jesús, me has dejado un vacío tremendo en mi vida. Te quiero.

Una de cuevas, por José Luis Ruiz

Fueron  numerosas las ocasiones en las que coincidí con Jesús fuera de la Escuela o del Departamento. Tuvimos ocasión, en compañía de Fernando, Cristina y de otros amigos y conocidos, de discutir sobre multitud de temas,  acompañándonos de las inseparables cervezas. Con el paso de los años, estas reuniones se hicieron menos frecuentes y, aunque el aprecio se mantuvo, las charlas y comentarios se sucedieron más veces en la Escuela que fuera de ella. Sin embargo, tuve una última ocasión de compartir un viaje con Jesús,  una visita a las cuevas de Puente Viesgo, a resultas de un posible contrato con Patrimonio para estudiar una nueva iluminación de las mismas
Este estudio se concretó en un viaje en el que visitaríamos las cuevas, dormiríamos en Vega de Pas y al día siguiente volveríamos para Madrid. Así, una mañana, quedamos en el intercambiador de Plaza de Castilla. Dani y Antonio llegaron en el coche, yo llegué en el “70” y Jesús en su Vespa, que dejó aparcada allí mismo.
Fue un viaje ameno y divertido y al llegar nos hicimos unas fotos en el aparcamiento de las cuevas como recuerdo.


La visita la realizamos en compañía de dos técnicos, que mostraron un trato muy agradable. Fueron numerosas las preguntas e interrogantes sobre cómo mejorar la iluminación sin llegar a dañar las pinturas. Sin embargo, lo que me resultó más llamativo fue el poder disponer libremente por la cueva y  acceder a pinturas desconocidas para el público. Como homenaje a Jesús, muestro al lector alguna de estas pinturas que sin duda nunca verá en una visita normal.

Tuvimos una comida muy agradable, en compañía de los técnicos y por la tarde nos fuimos hacia la Vega. Una vez allí, visitamos el pueblo e hicimos tiempo hasta la hora de cenar. La cena transcurrió con bastante humor y alegría, en parte porque la impresión sobre la viabilidad del proyecto era muy buena. Así, decidimos celebrarlo con unos gin-tonic después de cenar  y nos retiramos a dormir ya entrada la noche. La sorpresa vino al entrar en la casa, ¡el termómetro marcaba 4ºC!. Nos “acomodamos” cerca de la chimenea y aunque quemamos toda la leña posible, el mercurio del termómetro parecía adoptar una posición estática. La llegada a la cama parecía costosa y Antonio fue el primero en salir “disparado” hacia las escaleras para ganar la planta superior. Dani, que vestía un forro polar y un gorro de lana con orejeras emprendió la carrera poco después. Cuando me decidí a subir, Jesús me comentó que el sofá y la cercanía a la chimenea le resultaban agradables y que dormiría allí. Le comenté sobre la duración del fuego y la comodidad del sofá pero insistió en quedarse..
Al despertar  por la mañana me acordé de Jesús. Además del frío, recordaba que, en alguna ocasión, me había quedado dormido en el sofá y  el dolor de cuello parecía algo asegurado. Amanecieron Antonio y Dani y bajamos a la planta inferior para desayunar y allí estaba Jesús. Le pregunté ¿qué tal Jesús? , y me contestó ¡hacía tiempo que no dormía tan de p…..!

Desayunamos, nos pusimos en carretera y paramos en Covanera para visitar el Pozo Azul. Si bien,  Jesús mostró un cierto nerviosismo ya que tenía clase esa misma tarde. Llegamos en hora a la Plaza Castilla, nos despedimos, Jesús cogió su Vespa y finalmente llegaría a tiempo de dar su clase. Así, concluyó un viaje agradable con los compañeros de la Escuela.

He decidido que, cuando me acuerde de Jesús, esa tarde, con su Vespa, será la que me acompañe.

La moto en la puerta, por Sonia Melle

Todas las noches, cuando salía del laboratorio pensando que ya era hora de irse a casa, allí estabas, en tu despacho, a las tantas de la madrugada, trabajando. El cenicero siempre rebosante de pequeños puros, algunos todavía encendidos. Esas pocas palabras de cada noche me han ayudado a conocerte y darme cuenta de que te encantaba tu trabajo.

Recuerdo algún día extraño que llegué pronto a la Escuela y allí seguía en la puerta tu moto blanca, inconfundible, con sus caracteres árabes en verde, esa moto con la que recorriste parajes lejanos de los que siempre hablabas. Y Oscar y yo decíamos: ¡Todavía no se ha ido Jesús! Efectivamente, entrábamos en los despachos de Óptica Física y allí estabas, seguramente terminando algún trabajo apurando el deadline de algún congreso.

Siempre tarde pero a tiempo. Siempre entrabas suspirando... con cara de circunstancia... quejándote del tráfico, la lluvia, la gasolina... Siempre con la lengua fuera para llegar pero sin ver nunca el momento de salir de la Escuela.

Recuerdo esas anécdotas surrealistas de tus viajes, que de no conocerte, uno nunca creería. Sobre todo cuando apareciste con el pié escayolado y al preguntarte dijiste: ¡Me ha pisado un elefante!


Recuerdo la alegría que se veía en tus ojos cuando, por primera vez, nos hablaste de Ferdulis, de su país, de su familia, de las costumbres de sus gentes, de su música, de los proyectos futuros que emprendíais juntos. Recuerdo con que ilusión y tesón solicitasteis un proyecto para llevar un sistema de iluminación a la población de Ferdulis. Con qué ternura hablabas de las gentes de allí.

Lo más impresionante es como se te iluminaba la cara cada vez que hablabas de tu maravillosa hija. ¡Qué sonrisa! Esas anécdotas eran las más divertidas. Recuerdo aquella en la que, estando tu y ella solos en casa, Awita se “perdió”. Te pusiste a llamarla sin dar con ella y a buscarla desesperado para encontrarla antes de que volviese Ferdulis. Finalmente la viste dormida dentro de un armario, acurrucada en la segunda balda. Como te reías contándolo. Espero que estas pequeñas notas le permitan conocer algo más de su padre. Una persona comprometida y que la quería con locura.

Jesús, la entropía y los patrones, por Óscar Gómez Calderón

Desde mi incorporación a la Escuela Universitaria de Óptica colaboré con Jesús en la temible asignatura de Óptica Física. Durante todos estos años hemos llevado a cabo muchas labores docentes juntos; infinidad de reuniones, incontables horas para la organización de la asignatura, y sobre todo del laboratorio, proyectos de innovación educativa, etc. Este intenso contacto nos llevó a colaborar en el plano científico. Intentamos realizar un trabajo científico que unía temas relacionados con nuestras líneas de investigación. Yo acababa de terminar mi tesis doctoral sobre patrones en láseres. A Jesús le interesó uno de mis trabajos donde se estudiaba la evolución temporal del patrón trasversal de un láser de CO2 que podía describirse como la combinación de tres modos transversales de la cavidad. Su idea era estudiar la dinámica del sistema formado por los tres estados (los tres modos) analizando la variación de la entropía del sistema, y así poder explicar dicha evolución. Como nos suele ocurrir con demasiada frecuencia, andamos metidos en miles de cosas, así que el estudio se quedó en una fase preliminar donde Jesús analizó los datos que yo le proporcioné.
El día que recibí la triste noticia, me tocaba comenzar la conferencia de un concurso de acceso a una plaza de titular de Universidad. Que difícil es empezar cuando piensas que nuestros actos, incluido en el que me hallaba inmerso, son intrascendentes. Todavía me dan escalofríos cuando algún alumno me dice que quiere hablar con su tutor de prácticas que es Jesús.
Y ahora: ¿quién se ve a quedar hasta las tantas de la noche en la Escuela?, ¿quién va a entrar en los despachos de Óptica Física resoplando porque llega tarde?, ¿quién va a aparcar una moto tan cutre en el parking de la Escuela?, ¿quién va a fumar en el despacho aunque este prohibido?

Desafortunados..., por Natalia Díaz Herrera

Jesús era de ese tipo de personas que dan buen rollo…
No es muy común encontrar gente así, por eso la pérdida es mayor.

Mi vida con el Yesus, por Juan Antonio Quiroga

Jesús con Jose Alonso

Los colegas de Jesús en el comienzo de la tesis. De izquierda a derecha: Héctor Guerrero, José Alonso, Agustín González, Juan Antonio Quiroga y Tomás Morlanes.
Querido lector, para una mejor ambientación, imagínate que estamos en un garito de los bajos de Arguelles, de cuyo tigre mejor no hablar, acodados en la barra mientras le recuerdo al viejo camarero aquel gran cliente que se marcho para no volver.
Conocí a Jesús Zoido al comienzo de la carrera, allá por el 83. No recuerdo bien cuándo, pero lo que sí recuerdo es el extintor que se abrió en el aula magna en plena clase de Fisica General cuando estábamos en 2º y ya éramos veteranos. Como se puso el buen Paco Abadia¡¡¡, por aquella época bedel de la facul y hoy en día San Pedro de la facultad.
Definitivamente nos hicimos más íntimos en la especialidad de Materiales del 87 al 89. Hicimos casi todas las prácticas juntos o con Francisco Simón ¡¡qué buen trabajo sobre guías de ondas en el rango de microondas!! Hay que decir que el buen Jesús disponía de un procesador de texto buenísimo, que estoy casi seguro que era un Amstrad PCW[1] y que era la envidia de la muchachada de la especialidad y el cual nos permitía hacer unos trabajos de lo más dignos. Ni me acuerdo el número de tardes que pasamos en la habitación de Jesús con el famoso ordenador
En el 89, tras terminar la carrera, me marche a la mili, un año entero. Mientras tanto Jesús se había alistado en el departamento debido a la influencia de Héctor Guerrero, (que además me consiguió un enchufe en el cuartel) y empezó su tesis con Eusebio Bernabeu como director. Durante servicio militar cada fin de semana que bajaba no dejaba de hacerle una visita a la cueva al buen Jesús, para posteriormente irnos a degustar unas birras por la zona de Reina Victoria, al Iron, Carihuela, el Gallo…. La cueva era (y es) un espacio cedido a Bernabeu para sus proyectos de investigación situada en la antigua vivienda de un bedel de la facultad. En un principio (y más bien hasta el final) tuvimos como vecino al Churry, un bedel histórico que compartía piso con su mujer, su hija y su cuñado “el argentino” (todavía me lo encuentro de vez en cuando por Químicas). El rellano era territorio de las coladas del Churry y la moto del argentino.
Dadas las comunes aficiones baristicas con Jesús y el hecho de que teníamos amigos de la carrera en el Departamento de Optica (el mencionado Hector Guerrero y  Juan Carlos Martinez) acepté una oferta de Bernabeu para trabajar en una tesis. Así que en cierto modo Jesús fue el culpable de mi destino reciente (a veces no se qué pensar).
De esta forma y de este modo en el 90 empecé a trabajar en un grupo muy joven junto con Jesús en el cual ademas de los mencionados andaban Jose Alonso y Agustin Gonzalez. Con Jesús publiqué mi primer artículo[2], que también fue su primer trabajo en el ámbito de la colorimetría, tema en el que se centraría a partir de ese momento.
Hay gente del grupo que no lo sabe, pero Jesús empezó siendo un experimental desarrollando un sistema de iluminación tricolor LED que cambiaba su color mediante el control de la corriente de inyección de los leds. También es famosa de esa época la señal de trafico led (100-200 leds?) completada en tres días sin casi dormir ante el asombro del personal, creo recordar que la empresa que hizo el encargo nunca pagó (jajaja), pero eso nunca le importó a Jesús, ya que lo que más le gustaba es que la había terminado a tiempo (seguro que a algunos les suena esto).
Pues bien, el artículo iba sobre una forma de hacer medidas colorimétricas mediante una cámara CCD en color que pasaba por calcular la inversa de una matriz rectangular, en realidad la pseudo inversa. Esta operación está muy bien definida bajo un criterio de minimos cuadrados, pero a nuestro buen Jesús nunca le entró en la cabeza y no hacía más que intentar explicar el tema de mil maneras para no usar la famosa pseudo inversa. En un momento dado le mandé a hacer puñetas y escribí el paper (si no todavía estaríamos discutiendo) casi en contra suya (de nuevo, seguro que esto le suena a más de uno).
Los tiempos de nuestras tesis fueron los mejores años que pasé junto a Jesús. Recuerdo muerto de risa el viaje a Checoslovaquia (jóvenes, busquen en la wikipedia) a visitar a Pavel Cheben y al gran Parto. Jesús fue en coche con Jesús Marín y Cristina Millet mientras que yo fui con Miguel García en interrail. Las peleas de los Jesuses, las cervezas que nos echamos, los líos para conseguir gasolina, la madre de Pavel…También de esa época son las tardes-noches en la pensión en que se había convertido la casa que compartía con Cristina cerca de la casa de la Moneda (Peñascales?) con el Simon como parada obligatoria. La boda de Héctor vestido de torero y José camino de la UCI del salón de Jesús. Hay que ver como aguantaba Cristina a todos los amigotes, y había unos cuantos¡¡¡
También de esa época son los viajes a la cueva de piratas que era el pueblo de Jesús, Valverde del Camino, ¡¡qué amistades peligrosas!! ¡¡que hostia se metió Jesús en el Castillo!!
Todo este periodo quedó marcado por la muerte de Luis, el hermano pequeño de Jesús. Siempre he creído que esta tragedia supuso un momento en su vida del que no salió igual que entró.
Ya estamos en el 95, año en el que me marché de PostDoc a Alemania doce meses. Durante este tiempo no paraban de llegarme noticias de Jesús y del proyecto de tesis en que se estaba embarcando junto con Fernando Carreño. Muy a su modo, se implicó a fondo, bueno, más que a fondo, a tumba abierta. Cuando regrese en el 96 y hasta el final de sus tesis en el 97 tuve ocasión de discutir a menudo, no sobre la tesis, que confieso no haber entendido nunca[3], sino sobre lo oportuno o no de terminarla, pero siempre había algo mas que hacer, un calculo mas por realizar, una idea fundamental mas que poner blanco sobre negro. Jesús siempre me decía: “¡¡Quiroga, eres el tío mas pragmático que conozco!!, tienes razón, pero es que….”, se tomaba otra cerveza y por supuesto no me hacia ni puñetero caso.
Tras el final de su tesis consiguió una beca a través de Bernabeu para pasar un año en el Real Colegio Complutense de Harvard. En palabras del buen César Queral, “regresó casi normal” pero ye empezamos a vernos de manera más esporádica y aunque siempre estaba César para convocarnos, los horarios de trabajo de Jesús no ayudaban.
Pero estoy hablando de Jesús Zoido Chamorro, por supuesto no se quedó quieto y decidió hacer un viaje a Dakar en vespa con su amigo Jedu, y este es el comienzo de la última parte de su vida. La parte africana. La verdad es que en su momento el viaje me pareció una locura más de Jesús y estaba convencido de que no la llevaría a cabo, un proyecto loco más…Sin embargo la ejecutó y es algo que siempre le envidiaré. En ese viaje se enamoró de Africa, me refiero al Africa negra, a partir del río Senegal. La cultura magrebí nunca le gusto demasiado. Tanto le gustó Senegal que un poco más tarde (2003?) decidió regresar a Senegal con César y ahí fue donde conoció a Ferdulis, su futura mujer. De nuevo me empezaron a llegar extrañas noticias de Jesús y de su ultima afición: las máscaras africanas. En medio de un mar de dudas de si lo que hacia era un expolio o un acto de conservación, gracias a los conocimientos de Ferdulis y de su maña con la fotografía (siempre fue muy aficionado, con su local en la calle Maudes) empezó a catalogar toda la obra. De nuevo se puso manos a la obra a su forma, implicándose a tope. Pasando noches y noches fotografiando, discutiendo. Un viaje a Senegal con Ferdulis (circa 2007) no hizo mas que aumentar su interés por la cultura centroafricana y de nuevo los proyectos locos. Tras la boda con Ferdulis estuvo rondando organizar un viaje a Gabon con familiares y amigos (ése si que no me lo hubiese perdido) que finalmente no salio. Tras sufrir en sus carnes las dificultades que afronta cualquier inmigrante a través de la familia de Ferdulis estuvo pensando en renunciar a la nacionalidad española. En 2008 nació su hija Awa y pense, a lo mejor sienta cabeza, se centra en su trabajo y se vuelve normal, pero de nuevo Jesús no podía estarse quieto.
El último de sus proyectos fue la exposición “Negro”[4], de nuevo aquí me sorprendió y gratamente. De nuevo y contra todo pronóstico el buen Jesús fue capaz de organizar, buscar financiación, y finalmente llevar a cabo la exposición. Desgraciadamente apenas le dio tiempo de disfrutar de la inauguración de la exposición pero poco más. El 13 de Julio de 2010 se nos fue.
Como resumen de mi relación con Jesús:
Lo que más me fastidiaba: que siempre llegaba tarde
Lo que más me gustaba: cuando pasaban 5 minutos después de llegar
Nacemos para morir y si hay algo más ahí nos vemos¡¡¡


[2] J. A. Quiroga, J. Zoido, J. Alonso, and E. Bernabeu, "Colorimetric matching by minimum-square-error fitting," Appl. Opt. 33, 6139-6141 (1994)

El cambio de temporada, por Mari Cruz Navarrete

¡Pues aquí está la famosa camiseta de la que habla Infor! ¿Alguno recuerda lo que ponía?
Año tras año, con el cambio de la ropa de temporada, dos veces, con la llegada del verano y la del otoño, me ha aparecido en el armario la camiseta que te hicimos en la Cueva hace…¿15, 16 años? Perdí la cuenta, pero ahí estaba. Siempre con los cambios doy de baja ropa pasada de moda, rota o que ya no me viene, pero cuando llega el turno de la camiseta la despliego (¡es enorme! me sigue viniendo grande) la miro, me sonrío, recuerdo aquella época dorada de la Cueva, lo que nos reímos cuando se hizo (de forma casi manual ¡que todavía no existía ni PhotoShop ni cuentos!) y me digo “No, esta no”, la doblo y la vuelvo a guardar en su sitio. Y así seguirá. Esos dos momentos “frívolos” de mi vida están ligados irremediablemente a Jesús.
Yo siempre he sido de pocas palabras pero contigo, Jesús, era muy fácil hablar, y conseguiste que habláramos y habláramos las largas noches del Iron (la cerveza ayudaba un poco…). En esas conversaciones siempre, siempre sin faltar una, me preguntabas cómo fui capaz de aguantaros en la Cueva, sólo una chica rodeada de “salvajes”. La respuesta es muy fácil: allí estabas tú, con tu eterna sonrisa y tus exquisitos modales hacia mí (lo siento chicos pero así lo siento). Siempre me trataste como a una reina, me sentí mimada por ti, incluso para rematar una de aquellas largas noches ¡me llevasteis Fernando y tú a la silleta de la reina  hasta mi casa! Qué buena época aquella.
Hay muchas más momentos que podría recordar aquí pero todavía me sigo emocionando demasiado para poder escribir, ni me he podido volver a tomar una cerveza en el Iron, pero te prometo que la próxima vez que nos citemos allí brindaré por ti y por la suerte de haberte conocido.
¡Hasta el próximo cambio de temporada!

Cuqui

De tu inquieto pupilo, por Alberto Gómez Jiménez

Toda clase de maestría se paga muy cara en este mundo, donde tal vez todo se paga muy caro. 
FRIEDRICH WILHELM NIETZSCHE, La gaya ciencia, aforismo 366
Qué raro se hace no poder hablar contigo en tu despacho...  Me encantaba ir allí a preguntarte cualquier cosa menos lo relacionado con el temario. Principalmente te contaba alguna historieta o batallita filosófica y después te preguntaba tu opinión, siempre me sorprendías. Recuerdo que en alguna vez que otra también involucramos a Josemi. Recuerdo la guerra que te di a propósito de Roger Penrose, autor del libro que siempre decía que te iba a dejar y al final nunca hice, y ya nunca podré hacer.
Recuerdo tus clases, las tardes de martes y jueves, recuerdo que al no haber timbres en la escuela, llegado el momento de acabar, no decíamos nada...
Te veíamos tan concentrado tan entregado, tan...  yo diría que feliz, explicando que nos pasaban veinte, treinta, e incluso alguna vez más, minutos de la hora del final de la clase.
Recuerdo la energías que ponías, si una gráfica no salia bien a la primera, la borrabas y la hacías de nuevo, las veces que hiciera falta.
Recuerdo el día que descubrí que esa moto blanca era tuya.
Recuerdo la carta de recomendación que me hiciste, recuerdo las respuestas del formulario que te entregué, eran genuinamente tuyas y tuve que maquillarlas un poco.
Era el protocolo para poder irme a Noruega. Ya tenia pensado algo muy de mi estilo: una moleskine, bueno dos; una tuya. La idea era que yo escribía sobre mis impresiones de Noruega y posteriormente te la regalaría. La otra era a la inversa.
Tu escribías sobre África y luego me la dabas. Vamos, lo que vienen siendo cuadernos de viaje .
Lo de Noruega no ha podido ser, de momento.
Lo de las  moleskines, jamas podrá ser.
Como tampoco podrá ser el cartel que planeamos hacer para pedir el traslado a ciudad universitaria:  el papel de embalar estaba, si no recuerdo mal, detrás de tu silla
Me quedan tantas cosas por preguntarte, tantas conversaciones que compartir...
Cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que no solo he perdido a un profesor, también a un maestro y lo más importante, a un amigo.
Aunque son más conocidos por la archi-conocida Macarena, Los del Rio dijeron una gran verdad, que debido a mi juventud, experimento por primera vez contigo: cuando un amigo se va algo se muere en el alma.
Adiós amigo.
Los educadores, más que cualquier otra clase de profesionales, son los guardianes de la civilización.
BERTRAND A.W. RUSSELL
 

jueves, 14 de octubre de 2010

Malta y lúpulo, por Luis Miguel Sánchez Brea

Siento decirte que nuestros eventos espacio-temporales no solaparon tanto como para que intimáramos. Sin problemas, fue suficiente. Hay gente con la que coincides eternamente y eternamente serán extraños. Con otros, dos veces y seremos amigos de toda la vida. Este fue nuestro caso. Podrás corroborarlo.

Escena 1
Mi llegada al departamento coincidió con la finalización de tu tesis. Yo imberbe todavía, un chavalín. Eusebio, como siempre con la mesa llena de rascacielos, me saca un mamut de documento que le sobraba. “A ver si hago algo de hueco” pensaría. Y me casca tu tesis. (“Si aguanta esto, este chico vale” debió pensar). Pero es que soy de pueblo, así que manos a la obra. Tardé un infinito, pero cayó. No entraré en polémicas con nadie, pues ya las hubo en su tiempo y solo las conozco en parte, pero doy mi palabra, y no la doy casi nunca, que hasta ahora es la mejor tesis que he leído del departamento. Agustín, no lo repitas, ya sé que soy un friqui. Después me ayudaste en el primer artículo del kriging que hice. Coincidimos en que eran enfoques distintos del mismo problema metrológico. Documentado está. (que sí, Agustín, tranquilo, soy un friqui).

Escena 2
Llegada a la escuela como becario, a humos, cables y decibelios. El primer día me proponen Jesús y Fernando: “Anda, háblales algo a los chavales, de lo que quieras”. Uf, con lo sobrao que iba en ese momento. Una exposición memorable… de tarjeta roja y expulsión a perpetuidad. No tuviste una mala palabra, sino que me animaste hasta volver a mi estado habitual.
Allí es cuando más coincidimos, todo un curso. Excepto por el humo (los cables y los decibelios me gustan) fue una experiencia realmente grata, que por ser mi desvirgamiento docente, me marcó. ¿Ves, Jesús, que con poco es suficiente?

Escena 3
Tribunal de habilitación, en Zaragoza. Fue uno de los peores tragos que tuviste, así me lo confesaste. Ya después de que todo pasara, ahora lo puedo decir, pues me hiciste jurar que callara (y por supuesto he cumplido hasta estas palabras), me contaste algún pequeño detalle del proceso: “He tenido que defenderte a uñas y dientes, y no es porque te conozco, sino porque sinceramente lo hiciste realmente bien. Puedes creerte que si hubiera habido otro mejor, no lo hubiera hecho”. Amigos, no os asustéis, que me tocó el tema de redes de difracción. Es como si a Eusebio le hubiesen tocado las ecuaciones de Coddington o la transformada del calamar, a Juan Carlos el poner nombres a raros métodos espectrogoniométricos o a ti, Jesús, la colorimetría del color. Jesús no es hombre de bromas ni de favores para estas cosas, ya lo conocéis, y agradecí sus palabras enormemente, que me reconfortaron y animaron a seguir en la lucha.

Escena 4
Boda de Quiroga. Tú con tu mujer, embarazada de 6 o 7 meses. Yo con mi niña recién nacida. Cambiamos impresiones de nuestra alegre paternidad. Fueron tus mejores momentos, sin duda… ahora todo te iba bien. Ha sido lo más duro para ti, Jesús. Palabra de padre.

Escena 5
Este mismo año, con Ángel, Daniel y compañía, de cena. Siempre con tu Vespa. Acabamos en… el Iron. Hacía demasiado tiempo que yo no iba allí, fácilmente 10 años. ¡Cómo cambian las cosas! Que sorpresa me llevé al ver toda la chiquillería y sentirme un viejo rodeado de veinteañeros ¿todo cambia? No. Jesús, estabas exactamente en la misma esquina, en la misma posición, con la misma cerveza en la mano que la primera vez.


Niñita, ¡qué orgullosa tienes que estar de tu padre!